La última de las tribus

Curadoras: Susana González y Viviana Kuri

Zazil Barba, Pedro Cabrita Reis, Jose Dávila, Maria Taniguchi

Del 3 de diciembre de 2019 al 26 de abril de 2020

Como uno de los últimos grupos preocupados por originar conceptos alternos y nuevas formas de mirar, la última de las tribus es quizá la de los artistas: individuos que se afanan en subvertir el orden de las cosas para crear otros significados, para transformar la relación con los objetos y lograr una suerte de poesía. 

 

Una especie en posible extinción que se aparta de la cadena de producción utilitaria para crear objetos e ideas cuyo valor es subjetivo, intangible y simbólico. En este exilio voluntario, la renuncia supone una pérdida irremediable; en cambio, entre mayor sea la pérdida, mayor es el valor simbólico. La transgresión hacia lo establecido conlleva pérdida, pero también, y sobre todo, es un acto de libertad. Y la libertad concede poder -el poder está en poder perder, en el lujo que esto supone- (Bataille: 1949). 

 

Si bien Pedro Cabrita Reis y Jose Dávila trabajan con grandes formatos y materiales pesados (materiales industriales, de desecho, metal, ladrillo, vidrio, concreto, piedra), y le dan otras lecturas a través de nuevas construcciones, o de la confrontación de fuerzas y equilibrios, Cabrita encuentra en los objetos viejos y usados la capacidad de rememoración, la humildad del devenir y la experiencia. De esta manera, rehúsa a la perfección técnica minimalista para acercarse a modos más orgánicos aunque por medio de formas geométricas simples: el círculo, el triángulo y el rectángulo, que configuran la composición por superposición, yuxtaposición o repetición de los fragmentos.

 

Dávila, como si se tratara de una hoja en blanco, sitúa los materiales con la ligereza del dibujo a partir del punto, la línea y el plano: con desconcierto atestiguamos lo que parece ser un pacto con la fuerza de gravedad. A partir de esta complicidad ejerce una absoluta libertad para reacomodar el orden de las cosas; imagina y hace posible una nueva y radical configuración de los elementos en el espacio. 

 

Zazil Barba utiliza moldes  de baldes, botes de basura, botes de pintura y otros recipientes cilíndricos.  Con éstos como base, de manera tajante y con humor melancólico, opta por el desprendimiento y reconfigura la utilidad de objetos personales de su entorno cotidiano con los que trabaja o la acompañan en el ocio. Son detalles de su intimidad que decide cancelar a través del concreto para recordar la impermanencia, el final de las cosas y sus días. 

 

Por su parte Maria Taniguchi otorga materialidad estética a patrones repetitivos de comportamiento, códigos y estructuras mentales que de otra manera son casi impenetrables. Hay una atención deliberada por el detalle minúsculo, por la repetición que deviene en ciclo vital. Utiliza materiales ligeros que hacen contrapeso con la elección de los materiales pesados e industriales de los otros artistas, no obstante hay un diálogo y una interrelación evidente entre los 4 a través de la geometría. En la contemplación de sus obras, en el conjunto, quizá sea posible un atisbo de entendimiento dentro de  la complejidad de “la trama de la vida” (Capra: 1996). 

 

Los 4 artistas resignifican los objetos y al hacerlo, abren la posibilidad al lenguaje simbólico, a la iniciación que permite la suspensión temporal de lo mundano para dar paso a la duda, a la sorpresa e incluso al gozo.

 

Es en esta búsqueda por lo extraordinario en donde se encuentra la última de las tribus (concepción que evidentemente hace alusión a un gremio más amplio),  es ahí en donde parece existir un fragmento de esperanza en un mundo a veces falto de empatía y compasión.